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Devocional Diario -
2010.06.Junio
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Lunes, 07 de Junio de 2010 00:00 |
"... Le daré... un nombre nuevo..." (Apocalipsis 2:17b) Revisando una clase de ciencias sobre el magnetismo, un profesor dijo a sus alumnos: "Mi nombre empieza con M y recojo cosas. ¿Qué soy?". Un niño respondió: "¡Una madre!". Ahora en serio, los nombres son importantes. Napoleón conocía los nombres de miles de sus soldados. Charles Schwab sabía los nombres de todos sus ocho mil empleados de su fabrica de Homestead, y el presidente de la universidad de Harvard, Charles E. Eliot, conocía a todos los estudiantes por su nombre.
Las Escrituras están llenas con personas cuyos nombres tienen un significado especial: como Simón, renombrado Cefas (Pedro), Jacob, después llamado Israel y Saulo, cuyo nombre Dios cambió por Saúl (Pablo). ¿Y recuerdas al ángel que dijo a María: "... llamarás su Nombre Yeshúa (Jesús)" (Lucas 1:31)? El Señor se toma los nombres en serio. En Apocalipsis leemos que cuando se abran los libros, se leerán los nombres y nos dará a todos "... un nombre nuevo..." (Apocalipsis 2:17b).
Cuando conoces a personas nuevas, eso no ocurre por casualidad; Dios lo ha previsto. Sus nombres son importantes para Él. De manera que, en vez de decir: "Es que soy muy malo con los nombres", aquí tienes tres formas de recordarlos:
(1) Impresión: Mientras des la mano a alguien y converses, presta atención a su nombre y esfuérzate en recordarlo. Verifica su correcta pronunciación y, si fuera necesario, la manera de escribirlo;
(2) Asociación: Relaciónalo con algo que te ayude a recordarlo o que suene similar. Sé creativo; por ejemplo, 'Adriana' rima con 'banana'. Recuerda, el sonido más dulce en cualquier idioma es tu propio nombre;
(3) Repetición: Menciona con frecuencia su nombre mientras estes hablando y cuando lo presentes a otras personas. Alcanzar a alguien para Cristo significa preocuparte lo bastante como para recordar su nombre. También supone que la persona te importe lo suficiente como para hacerlo. ¿Es así?
Fuente: Por Bob y Debbie Gass, con la colaboración de Ruth Gass Halliday.
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Me Pasa todo el tiempo que cuando alguien se presenta, se me olvida el nombre y despues me da pena volverlo a preguntar y luego cuando me la vuelvo a encontrar la saludo, pero no le pregunto su nombre ny podemos charlar muchas veces, pero sin saber su nombre